Pirata life (tira 1)- Correos

Saludos a todos los lectores del blog (a los pocos que pueda haber si es que hay alguno), con Pirata life estreno lo que espero se convierta en una sección más o menos fija (aunque no periódica) con anécdotas de lo que me encuentro en el día a día de la gestión de la tienda o de mi vida cotidiana. A veces un poco más exagerado y otras más realista. Para ver la tira en grande, pulsad sobre ella…ya ire mejorando el dibujo con el tiempo cuando mis ojos se vayan recuperando.

pirata life 1

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Militar

Militar, si, militar. Algunos (la mayoría, de hecho) de los que me conocéis sabéis que hace años fuí militar profesional.

Esta entrada del blog está dedicada a mis compañeros de aquellos años y destinada a haceros llegar varias de las anécdotas por las que pasamos (tanto en mi caso personal como en el de otros compañeros), con el único fin de pasar un buen rato y reirnos un poco que nunca está de más.

La anécdota de hoy la llamaremos “la aparición mariana/el OVNI” y es una de mis favoritas de aquella época.

En un piso de alquiler en Ibiza, conviven varios militares. En aquella época, cuatro concretamente (el que más tarde terminaría siendo mi cuñado y artífice de la anécdota en cuestión, entre ellos).

El caso es que el piso casi siempre tenía alguna visita, que muchas veces se alargaba hasta bien entraa la noche e incluso llegaba a pasar la noche allí y, en una de estas veces, Benjamín decidió poner café…con lo que no contaba es con que terminaría saliendo todo el mundo a dar una vuelta y nadie se acordó de que la cafetera (modelo metálico de rosca…ya sabéis cual digo) se quedó puesta al fuego.

Horas después, ya de noche cerrada, uno de los compañeros de piso se levantó a por un poco de agua a la cocina y menudo susto se llevó al ver por el rabillo del ojo desde un salón completamente a oscuras, como algo brillaba al rojo vivo desde la penumbra de la cocina…habéis acertado…LA CAFETERA.

Desde aquel día, aquello quedó bautizado como “la aparición mariana/el OVNI” según quien lo cuente. Y la hornilla de la cocina y la cafetera jamás volvieron a ser las mismas.

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Hay historias que hablan de otros mundos que coexisten en el mismo tiempo y lugar que el nuestro. Mundos en los que una simple variación, por pequeña que esta fuese ha creado una versión alternativa de nuestra realidad cotidiana en la que, por poner un simple ejemplo, no existen los coches y todo el mundo se sigue desplazando a pie, a caballo o en bicicleta. Bien, ahora coged esas historias y pensad en la más loca de las posibilidades, un lugar en el que lo más extraño es visto como algo cotidiano y atisbaréis un poco de lo que yo me encontré al despertar.

Si, despertar, porque me acosté en mi cama como cualquier día, tras una jornada laboral aburrida y gris como la de todos y cada uno de los días que la precedieron. Llegué a casa, me di una larga ducha, cené un plato de macarrones fríos que habían sobrado de la comida acompañados con un poco de tomate frito aún más frío y con sospechosas manchitas verdeazuladas en la superficie y me acosté temprano para reponer fuerzas de cara a un nuevo día tan gris y anodino como todos los demás.

Porque a fin de cuentas, eso es la vida ¿verdad? Una triste y anodina sucesión de días en los que comes, trabajas y pasas sin más hasta que llega tu hora y te conviertes en comida de gusanitos.

-Dios, cómo me gustaría tener alguna emoción que le diese algo de color a la vida-recuerdo haber musitado antes de girarme y cerrar los ojos.

Lo siguiente que recuerdo es una leve brisa acompañada del olor a hierba fresca y algún mugido ocasional. Y esa luz…una luz, tan intensa que hacía que la notase incluso teniendo los ojos cerrados.

Así empezó lo que ahora denomino mi aventura, aunque en aquel momento pareciese más bien una pesadilla o un mal sueño.

Al abrir los ojos, estaba convencido de que no era más que un sueño, pues me encontraba en medio de un gran prado, rodeado de vacas que me observaban con curiosidad.

-¿Qué miráis vosotras? ¿No tenéis nada mejor que hacer?-les grité con una mezcla de fastidio y sorpresa sin saber muy bien como había ido a parar allí.

-Pues mira, la verdad es que estábamos debatiendo entre nosotras sobre problemas de la política del reino, pero si aparece de la nada un desconocido completamente desnudo…pues como que perdemos un poco el hilo de la conversación, ¿sabes?-respondió la vaca más cercana mientras parecía estar comiéndome con la mirada.

-Eeeem…gracias, estooo ¿señora?¿Sería usted tan amable de indicarme en que dirección se encuentra el pueblo más cercano?-pregunté tratando de normalizar, en la medida de lo posible lo ridículo de verme conversando con una vaca.

-La villa más cercana se halla a poco más de un breve paseo, tras aquella colina de allí enfrente-respondió, apuntándome con el rabo hacia la dirección indicada.

Me marché a toda prisa en la dirección que me habían indicado, ansioso por conseguir algunas respuestas que pudiesen arrojar algo de luz a mi situación y, por qué no decirlo, algo más de ropa.
Tal y como me había indicado la vaca parlante, la villa no estaba demasiado lejos de donde había despertado. No había ningún cartel con nombre que pudiese servirme como referencia, pero había algo en aquel lugar que me resultaba vagamente familiar.

Vagué sin rumbo durante largo rato por las embarradas callejuelas, escondiéndome cada vez que escuchaba a alguien acercarse (por aquello de que iba en pelotas) hasta que dí con un tendedero sin vigilancia y pude hacerme con unos pantalones y una camisa.

Una vez algo más presentable, pude moverme con algo más de libertad por las calles, tratando de orientarme o, al menos descubrir de qué narices iba este sueño.

Estando en estos menesteres, terminé dándome de bruces con un edificio que destacaba sobre los demás por ser más grande…pero sobre todo por un cartelón enorme que colgaba de mala manera sobre la puerta de entrada y en el que había un texto que rezaba algo así como “KASAH CONZYSHTORIAL”.

(continuará…)

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