Anécdotas de rol

Como ya habréis notado los que nos sigáis en la página de facebook, soy aficionado a los juegos de rol, aunque casi siempre desde el lado del máster (es decir, como narrador de la partida, en lugar de jugador).

A lo largo de los años, la cantidad de locos con los que he jugado (y a los que adoro), me han dejado multitud de situaciones a cual más descabellada, sobre todo en mis primeras partidas, donde se aprovechaban que era un novato para hacer lo que les salía de las pelotas…todo ello sumado a que por lo general, los juegos que dirigía eran de tono desenfadado (Cazafantasmas, Fanhunter), pues blanco y en botella.

Os dejo alguna de las situaciones para que juzguéis vosotros mismos:

En una partida de Cazafantasmas, tras haber volado por los aires la casa de los que los habían contratado tirando un misil dentro (si, UN PUTO MISIL), descubren un pasadizo secreto que los lleva a una cueva oculta en el interior de los acantilados sobre los que estaba la casa. El grupo entero huye por el pasadizo antes de ser sepultados por la casa y descubren que hay un gran sarcófago de piedra.

En un sospechoso arranque de sentido común, todo el grupo decide no acercarse allí ni por todo el oro del mundo…¿todo el grupo? nooo. Allí estaba «Papitu» (alias del jugador), que se fué de cabeza a abrirlo.

Tras varios intentos mientras el resto del grupo buscaba por donde huir de la que preveían que se les venía encima, «Papitu» consigue abrir el sarcófago y descubre que dentro hay…un muerto (estuve tentado de decir que dentro había un bocata de chorizo nada más que por ver sus caras, que conste).

A la consabida pregunta de ¿qué haces ahora?, va el tío y me espeta sin inmutarse «le quito la ropa»…pero es que no contento con eso, después de quitársela le dió una charla coloquio sobre la vida y que en el fondo él era buena gente…a cuadros me dejó, en serio.

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