AD&C: Origenes

AD&C- ORIGENES

Hay historias que hablan de otros mundos que coexisten en el mismo tiempo y lugar que el nuestro. Mundos en los que una simple variación, por pequeña que esta fuese ha creado una versión alternativa de nuestra realidad cotidiana en la que, por poner un simple ejemplo, no existen los coches y todo el mundo se sigue desplazando a pie, a caballo o en bicicleta. Bien, ahora coged esas historias y pensad en la más loca de las posibilidades, un lugar en el que lo más extraño es visto como algo cotidiano y atisbaréis un poco de lo que yo me encontré al despertar.

Si, despertar, porque me acosté en mi cama como cualquier día, tras una jornada laboral aburrida y gris como la de todos y cada uno de los días que la precedieron. Llegué a casa, me di una larga ducha, cené un plato de macarrones fríos que habían sobrado de la comida acompañados con un poco de tomate frito aún más frío y con sospechosas manchitas verdeazuladas en la superficie y me acosté temprano para reponer fuerzas de cara a un nuevo día tan gris y anodino como todos los demás.

Porque a fin de cuentas, eso es la vida ¿verdad? Una triste y anodina sucesión de días en los que comes, trabajas y pasas sin más hasta que llega tu hora y te conviertes en comida de gusanitos.

-Dios, cómo me gustaría tener alguna emoción que le diese algo de color a la vida-recuerdo haber musitado antes de girarme y cerrar los ojos.

Lo siguiente que recuerdo es una leve brisa acompañada del olor a hierba fresca y algún mugido ocasional. Y esa luz…una luz, tan intensa que hacía que la notase incluso teniendo los ojos cerrados.

Así empezó lo que ahora denomino mi aventura, aunque en aquel momento pareciese más bien una pesadilla o un mal sueño.

Al abrir los ojos, estaba convencido de que no era más que un sueño, pues me encontraba en medio de un gran prado, rodeado de vacas que me observaban con curiosidad.

-¿Qué miráis vosotras? ¿No tenéis nada mejor que hacer?-les grité con una mezcla de fastidio y sorpresa sin saber muy bien como había ido a parar allí.

-Pues mira, la verdad es que estábamos debatiendo entre nosotras sobre problemas de la política del reino, pero si aparece de la nada un desconocido completamente desnudo…pues como que perdemos un poco el hilo de la conversación, ¿sabes?-respondió la vaca más cercana mientras parecía estar comiéndome con la mirada.

-Eeeem…gracias, estooo ¿señora?¿Sería usted tan amable de indicarme en que dirección se encuentra el pueblo más cercano?-pregunté tratando de normalizar, en la medida de lo posible lo ridículo de verme conversando con una vaca.

-La villa más cercana se halla a poco más de un breve paseo, tras aquella colina de allí enfrente-respondió, apuntándome con el rabo hacia la dirección indicada.

Me marché a toda prisa en la dirección que me habían indicado, ansioso por conseguir algunas respuestas que pudiesen arrojar algo de luz a mi situación y, por qué no decirlo, algo más de ropa.
Tal y como me había indicado la vaca parlante, la villa no estaba demasiado lejos de donde había despertado. No había ningún cartel con nombre que pudiese servirme como referencia, pero había algo en aquel lugar que me resultaba vagamente familiar.

Vagué sin rumbo durante largo rato por las embarradas callejuelas, escondiéndome cada vez que escuchaba a alguien acercarse (por aquello de que iba en pelotas) hasta que dí con un tendedero sin vigilancia y pude hacerme con unos pantalones y una camisa.

Una vez algo más presentable, pude moverme con algo más de libertad por las calles, tratando de orientarme o, al menos descubrir de qué narices iba este sueño.

Estando en estos menesteres, terminé dándome de bruces con un edificio que destacaba sobre los demás por ser más grande…pero sobre todo por un cartelón enorme que colgaba de mala manera sobre la puerta de entrada y en el que había un texto que rezaba algo así como «KASAH CONZYSHTORIAL».

(continuará…)

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